Blog Grupo LUPE

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04

May 2017

El cerebro musical y la salud

Su gusto por la música no solo lo diferencia de ciertas personas mientras le permite identificarse con otras; podría ayudarlo en situaciones de gravedad, como disfunciones cognitivas, motoras y del lenguaje, a consecuencia de un traumatismo cerebral, accidente cerebrovascular, enfermedades neurodegenerativas, lesiones medulares, trastornos del espectro autista, estado vegetativo y de confusión, informa Cecilia Jurado Noboa, especializada en musicoterapia neurológica.

Se trata de un modelo de neurorrehabilitación que se integra a la fisioterapia, terapia de lenguaje y terapia ocupacional. “Se diferencia”, explica Jurado, “de la musicoterapia tradicional enfocada en el bienestar emocional, social y psicológico de la persona, pues se basa en recientes estudios neurocientíficos que demuestran los efectos de la música en el funcionamiento cerebral”.

Hay evidencias de que las intervenciones musicales mejoran la atención, la memoria, funciones ejecutivas y adaptación emocional, dicen los doctores Gardiner y Horwitz, del sistema de salud del Departamento de Veteranos de Black Hills, de Estados Unidos. “Los principios de la NMT afirman que después de una lesión o enfermedad, el cerebro por lo general retiene la capacidad de reaccionar y beneficiarse de la música”, escriben. “Se ponen en acción estructuras paralelas del cerebro que, sin música, normalmente no estarían involucradas”.

Observación multidisciplinaria

Jurado detalla que estudios como el anterior indican que:

-La música es procesada en todas las áreas del cerebro y tiene la capacidad de acceder a aquellas afectadas por una lesión.

-Es una actividad compleja que impulsa la neuroplasticidad y estimula la formación de nuevas conexiones neuronales cuando existe daño cerebral.

-Ciertos elementos de la música comparten conexiones neuronales con actividades que realizamos a diario, por eso ayuda a recuperar funciones perdidas.

-Todas las personas nacemos con un cerebro musical y procesamos el ritmo de manera subconsciente. El cerebro utiliza el ritmo para regular nuestras funciones vegetativas, como la respiración y la frecuencia cardiaca.

Los neurocientíficos han estado investigando cómo la música apoya los procesos cerebrales en casi cada esfera de la actividad humana. Han desarrollado sofisticada tecnología de neuroimágenes para tener evidencia biomédica objetiva de cómo la música favorece la neuroplasticidad, y han concluido que influye en la recuperación y rehabilitación del accidente cerebrovascular. Y han visto el potencial terapéutico de la actividad musical con métodos neurocientíficos en áreas comunes de procesamiento de lenguaje, memoria, atención y actividad motora, y en la modulación de actividad neuroquímica involucrada en estrés, inmunidad, afiliación social y recompensa, según un artículo publicado en la revista Frontiers in Human Neuroscience en noviembre de 2016.

Todo esto, afirma el reporte basado en el trabajo de 115 autores de 18 documentos, es consecuencia de la información compartida entre terapeutas musicales, psicólogos, neurocientíficos y otros profesionales médicos.

Esto no excluyó la actividad musical que se hace fuera del ámbito clínico, en la vida diaria. Por ejemplo, dice Human Neuroscience, uno de los estudios revisados propone que aunque usted no haga musicoterapia, si se decide a cantar en coro o en un grupo, le resultará efectivo para reducir el estrés y la tensión.

Sobre gustos y ritmos

¿Cómo explican las neurociencias que esto funcione a pesar de las diferencias en gustos musicales? Utilizando datos de sondeos, mediciones conductuales y psicofisiológicas e imágenes por resonancia magnética con tensores de difusión, se ha encontrado que la conectividad entre las áreas de procesamiento sensorial y las áreas de procesamiento social explican los diferentes gustos y sensaciones de recompensa que la música genera en cada uno, y sugiere que la comunicación social-emocional a través del canal auditivo es lo que hace que la función estética de la música sea tan placentera a los humanos, escribe la investigadora en neurociencias y psicología Psyche Loui, de la Universidad Wesleyana en Middletown, Connecticut.

Y por esos gustos dispares es que no hay recetas definitivas para la composición musical, menciona el productor musical Christian Valencia. Pero sí hay varios aspectos favorecedores, y uno está en el tiempo. “El estribillo, por ejemplo, debe ir antes del primer minuto. Si esperas después de eso, te arriesgas a que la gente cambie”.

Otro factor es la repetición, indica Valencia, que ayuda a que las canciones ‘peguen’. “La repetición del estribillo, pero también la repetición en los medios. Es más fácil que una canción te guste si la escuchas mucho”.

Sin embargo, no son reglas inquebrantable. “Hay canciones que se hacen conocidas sin obedecer a la ley del primer minuto y sin la fórmula repetitiva del coro”, afirma, poniendo como ejemplo Bohemian Rhapsody (Queen) y Chao, Lola (Juan Fernando Velasco).

Por tanto, un valor importante es la identificación. “Mientras más pueda asemejarse el oyente con la música, a lo que él o ella viven, más fácil vas a llegar a ellos”. La música que se convierte en un canal de actualidad, dice Valencia, es mucho más accesible. “Estamos viviendo un tiempo de cantautores. Hace 20 o 30 años vivimos la era de los intérpretes de canciones ajenas. Hoy la gente canta sus propias canciones, y tienen un acercamiento más real con los oyentes”.

Valencia hizo un experimento hace algunos años con la Universidad San Francisco sobre la influencia de la música en el estado de ánimo. “Genera vibraciones –que pueden ser armoniosas o no– y tiene una importancia trascendental por razones físicas y emotivas”.

Además, están los recuerdos. “Ciertos intervalos de notas o acordes determinados que la persona escucha en momentos específicos de la vida pueden quedarse con ella durante años, hasta que encuentre una canción en la que otro compositor ha utilizado las mismas fórmulas, que le generarán recuerdos condicionados y lo afectarán emocionalmente, llevándolo al pasado y haciéndolo rememorar algo o a alguien”.

Canciones ‘fáciles’

“Respeto muchísimo la música”, sostiene Valencia. “No creo que un producto musical muy trabajado o estudiado sea necesariamente la mejor canción. Hay piezas espectaculares con dos acordes y muy pocas notas. El éxito depende más de la creatividad, el momento, la circunstancia, la emoción del compositor”.

Volviendo a la cuestión de los gustos, no cree en la ‘buena’ o ‘mala’ música. “Existe música que le gusta a unos y otra que le gusta a otros. Es un tema personal e instintivo. El productor, en lugar de ponerse arriba y halar, tiene que ponerse a la par con la gente y desde ahí impulsar, mejorar y hacer un público más exigente.

Pero si aún quiere superar una canción infecciosamente pegajosa, en la que detecta facilismo en la composición, el productor recomienda como ideal buscar y escuchar otras canciones que le permitan descubrir algo, que lo sorprendan. “La música es infinita. Busco sensaciones y dependiendo de eso, voy escogiéndola”.

El musicoterapeuta

Se entrena en musicoterapia tradicional, psicología, fisiología, percepción de la música e instrumentos, refiere Jurado. “Y se especializa en musicoterapia neurológica para aprender sobre patologías neurológicas, neurorrehabilitación, disfunciones de origen neurológico y técnicas específicas para problemas de atención, memoria, función ejecutiva, negligencia espacial, producción y recepción del lenguaje, fonación, planificación y coordinación motora, iniciación, hemiparálisis, entre otros”.

Fuente: http://www.eluniverso.com/vida/2017/03/31/nota/6116212/cerebro-musical-salud

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26

Jan 2017

Autoestima musical: cómo mejorarla con estos 8 consejos

Es cierto que muchos hemos sido los que hemos recibido una educación musical donde centrarnos únicamente en la técnica musical e instrumental era el foco, sin tener en cuenta el desarrollo de nuestra persona. Pero seguro estarás de acuerdo conmigo que cuando hablamos de educarnos en el arte, en este caso la música, se deja muchas veces de lado a nuestro artista musical. Donde reside verdaderamente nuestro talento y potencial artístico.

Si tenemos en cuenta que la grandiosidad del ser humano se valora en cuanto a nivel de autoconocimiento disfruta la persona de sí mismo, un artista necesita tener clara esta premisa para desarrollar todo su potencial interior y compartirlo con su arte.

A la hora de llevar a cabo un sano equilibrio entre la técnica musical y la persona,  nuestra propia percepción de nosotros mismos, o lo que es lo mismo, nuestra autoestima, juega un papel y pilar fundamental.

La autoestima está formada por las creencias que tenemos acerca de nosotros mismos. Y todo lo que tiene que ver con nuestro ser y que constituye nuestra autoimagen: cualidades, capacidades, y modos de actuar y gestionar nuestras emociones. Por ello, dependiendo cómo te percibas y te sientas contigo mismo, esto afectará de forma positiva o no al resto de parcelas que constituyen tu vida. En este caso una de las más importantes: tu carrera como artista.

De ahí que los artistas que disfrutan una sana y positiva autoestima personal son capaces de afrontar cualquier situación que les suponga cierta dificultad o barrera diaria. Por el contrario, si mantenemos una autoestima no desarrollada de forma óptima sólo conseguimos limitar todo nuestro potencial y talento personal, en consecuencia el artístico.

Entonces, ¿cuáles son los principales pilares para mejorar la autoestima?

Recuerda tus logros

Uno de los principales puntos a la hora de mejorar nuestra autoimagen. Para ello, toma consciencia de tus victorias personales, tanto artísticas como vitales, y traza aquellas que deseas conseguir en un futuro. El hecho de reconocer en ti mismo que tienes todo lo necesario para hacer las cosas bien en aquellas partes de tu vida que desees, te permitirá seguir esforzándote a la hora de conseguir tus logros.

Ten confianza en tu persona

No te preocupes demasiado de lo que piensen los demás acerca de tu persona, ya que cada uno tenemos nuestra propia perspectiva de la realidad. Nunca olvides confiar en tu voz interior, la guía que te recordará siempre tu extraordinario talento como ser humano y artista.

Acepta quién eres

Como te comentaba antes, en ti se encuentra todo lo necesario para hacer realidad aquello que sueñas y deseas. Nunca olvides aceptar quién eres  y a ti mismo por lo que eres.  Eso sí, sin dejar de lado tus imperfecciones y fortalezas. Valora tus puntos fuertes y esas características que te hacen único, de las que te sientes orgulloso.

No te compares con los demás

Al menos en mi carrera como músico, un tema demasiado habitual en los pasillos de conservatorio. Recordando que todos somos diferentes e irrepetibles a los demás, preocúpate por no considerarte “peor” que los demás. Siempre habrán parcelas de la vida en donde tu seas “mejor” aportando algo extraordinario. La comparación, de forma sana, sólo se nos está permitido cuando de integrar un aprendizaje se trata.

Y para despedirme, me encantará compartirte el consejo más hermoso y verdadero para ser aquello que eres disfrutando de tu autoestima personal, un artista único y excepcional: focalizarte en ser mejor diariamente como ser humano. 

http://socialmusik.es/autoestima-musical-8-consejos/

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24

Jan 2017

La biomecánica al servicio del músico: ¿Qué es una postura forzada?

Dos son los factores de riesgo ya conocidos y evidenciados que producen lesiones en los músicos; nos referimos a las posturas forzadas y los movimientos repetitivos. Tanto uno como otro son capaces de producir en un tiempo relativamente corto de tiempo algún dolor o trastorno principalmente en el sistema musculoesquelético que afecte la capacidad para tocar. Hablaríamos entonces del dolor en la parte baja de la espalda, dolor en la parte alta de la espalda, cervicalgia, tendinopatías, compresiones nerviosas, entre otras, tal y como se recoge en los estudios publicados sobre patología del músico.

Pero ¿a qué nos referimos con posturas forzadas? y ¿qué podemos hacer para miniminar sus riesgos? Según el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el  Trabajo (INSHT), postura forzada es toda aquella que se aleja de la postura neutra. Es decir que una articulación que no respete su posición neutra, bien de forma estática durante un tiempo significativo, o de forma dinámica debido a movimientos frecuentes o repetidos, se predispone a experimentar algún trastorno o déficit de su correcto funcionamiento que se podrá manifestar en el futuro en forma de dolor, lesión o incluso incapacidad.

Como conclusión, es muy importante que, en la medida de lo posible, el músico respete o se aproxime a la posición neutra de sus articulaciones y segmentos de su cuerpo (antebrazo, brazo, cuello, etc.), minimizando así el riesgo de lesión y favoreciendo una adecuada movilidad y un gesto coordinado y eficiente, lo que se traducirá finalmente en una mejor sonoridad.

Recientemente me decía de nuevo un profesor de música que la única manera que tiene un músico de aprender a tocar un instrumento es “repitiendo y repitiendo”, pero él mismo reconocía que había que hacerlo con el cuerpo en buen estado y sin posturas forzadas.

Afirmaciones ciertas que no pueden discutirse. Como tampoco, y esto es algo que es importante que el músico sepa, que la repetitividad de una tarea está directamente asociada a la aparición de determinadas lesiones como son los trastornos musculoesqueléticos (TME) como dolor de espalda, cervicalgia, tendinopatías, compresiones nerviosas, etc.

De hecho, por definición, un movimiento repetitivo es todo aquel movimiento continuo y mantenido durante un trabajo que implica al conjunto osteomuscular, provocando en el mismo fatiga muscular, sobrecarga, dolor y por último lesión (MSC, 2000). Por tanto, el propio concepto de movimiento repetitivo está ya asociado a dolor y lesión.

Entonces, podíamos preguntarnos lo siguiente: ¿cuánto se puede repetir determinado movimiento o gesto para que no genere ninguna dolencia? o bien ¿de qué manera podemos minimizar los efectos perjudiciales asociados a la repetición de determinados movimientos que necesito realizar para tocar?

Primero, hay que decir que en la aparición de una lesión siempre van a participar aspectos individuales que tienen que ver con las características anatómicas y fisiológicas de cada uno, así como con la capacidad de adaptación a un nivel de carga a lo largo del tiempo. Pero, a pesar de esto, sí sabemos también que si dicho gesto se hace con una fuerza excesiva, el tiempo de recuperación entre los ensayos es insuficiente y sobre todo, dicho gesto o movimiento se realiza en una postura o posición forzada, el riesgo de sufrir un dolor o lesión se incrementa enormemente.

Por tanto, para minimizar los efectos de los movimientos repetitivos, damos tres recomendamos:

APLICAR LA FUERZA JUSTA Y NECESARIA

Si el músico es consciente de la fuerza que aplica, su intensidad va a disminuir sin menoscabar su capacidad de interpretación.  Para ello no solo hay que tener en cuenta la cantidad de fuerza sino, al mismo tiempo, su origen, es decir que la fuerza o energía que ejerce una mano o incluso un dedo, debe iniciarse no en la mano y ni siquiera en el antebrazo, sino en la cintura escapular. Dicho de otro modo, la energía o fuerza de la mano o un dedo empieza en la espalda.

NO TOCAR MÁS DE 50 MINUTOS SEGUIDOS

Es decir, realizar descansos de 10 minutos aproximadamente cada 50 minutos de práctica. Durante los descansos se pueden realizar ejercicios de estiramientos musculares que ayuden a la recuperación de los músculos más solicitados. Se trata, ésta, de una regla básica para prevenir lesiones, la cual debe respetarse en todo momento, incluso ante la preparación para un concierto o una audición, así como también después de un estar un tiempo sin tocar.

EVITAR POSTURAS FORZADAS

Como ya comentamos en el artículo anterior, las posturas forzadas son uno de los factores de riesgo principales en la aparición de dolor y lesión en el músico. Pues bien, la combinación de los movimientos repetitivos y las posiciones forzadas es lo que con mayor fuerza se asocia a los TME.

Fuente: http://promocionmusical.es/la-biomecanica-al-servicio-del-musico-ii-minimizar-riesgos-movimientos-repetitivos/

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